Superpapis de Corazón

Superpapis de Corazón

jueves, 2 de marzo de 2017

Happy Valentine's day

Ya tenía ganas de comenzar la sección Maestra con corazón. Sobre todo ahora, que me he vuelto a incorporar al trabajo y cada día tengo una gran cantidad de anécdotas e historietas para contar.

Además, la vuelta al cole ha sido muy especial esta vez, porque aunque siempre he sido un poquito mami con mis peques, ahora que soy mami de verdad miro a esos locos bajitos con otros ojos. Mi mirada ha cambiado, yo lo noto y creo que ellos de alguna manera también.
Pensé: "Qué mejor manera de iniciar esta sección que con un gran corazón" (en realidad, varios corazones). 

Así que os voy a contar lo que hice para San Valentín.

Este curso doy clases de inglés en la etapa de Educación Infantil, de manera que este mes de febrero celebramos Valentine's day.
En primer lugar les introduje el tema con un vídeo de Pocoyo y una canción que podéis ver en los siguientes enlaces.

Pocoyo Valentine's day


5 Little Hearts


Siempre introduzco los temas así, con una canción, un cuento, un juego, una historieta o un teatrillo, combinando en todas las sesiones un poco de actividad manipulativa con alguna actividad audiovisual.
En este caso, como ya he dicho, elegí el vídeo de Pocoyo porque es muy divertido y no lleva ninguna connotación de carácter sexual o excesivamente tradicional.
He de aclarar que en mis clases no utilizo este día como el de los Enamorados, sino como el día del afecto y la amistad. Cuando les pregunto a los niños de quién están enamorados, muchos me responden: "de mi mamá", "de mi papá", o de algún amiguito. Doy todas las respuestas por válidas, porque se trata de los distintos tipos de afecto que podemos experimentar en nuestra vida. De hecho, yo también les digo que estoy enamorada de mis papás, de mi hermano, de mi marido y de mi bebé.
Me gusta mucho trabajar este tema porque creo que hace falta hablar más en las aulas del amor que de la violencia.

Volviendo a la clase de inglés, después de ver los vídeos, hicimos un corazón gigante entre todos. La idea original la vi en Pinterest y me gustó, aunque cambié la técnica.
En una cartulina, pegué dos tiras de forro de libro formando un corazón (ha de ser un adhesivo que se pueda despegar después con facilidad, para no estropear la cartulina). Una vez montado, mojamos en pintura de varios colores estropajos de la cocina, y los niños van dando ligeros toquecitos sobre toda la cartulina. Ponemos varios colores, que se irán superponiendo y mezclando.
Una vez se ha secado la pintura, despegamos el forro con cuidado, y éste es el resultado.



Es importante despegar el corazón delante de los niños, para que sean partícipes del proceso y su resultado final.

"¡Oh! ¡Magia!", dijeron los niños.

Y acabamos con un gran aplauso.
Os invito a que lo pongáis en práctica y nos contéis qué tal ha ido.

viernes, 10 de febrero de 2017

¿Quién dijo miedo(s)? (1ª parte)

Cuando eres papá o mamá te asaltan las dudas y los miedos, sobre todo si eres primerizo.

Aunque en nuestra experiencia, la palabra miedo se queda corta, yo prefiero utilizar la palabra TERRORES. Todo nos daba pavor.



Principalmente los primeros meses, cuando el bebé se pone a llorar y no sabes qué le pasa, lo pruebas todo para calmarlo pero él sigue llorando sin consuelo. Esa sensación es desgarradora, te atraviesa el alma abriendo un agujero que no te permite respirar. A veces, ni siquiera te deja pensar con claridad.

Pero ésa es la inteligencia de la Naturaleza. Para asegurar la supervivencia del bebé, su llanto suena de tal manera que no puedas ignorarlo sino que te veas obligado a atender sus demandas.
Vale, la teoría está muy bien, pero cuando tienes a tu renacuajo en brazos nada de eso te ayuda. Sólo sabes que se te pone un mal cuerpo que no sabes cómo gestionar, y que ni todos los conocimientos del mundo te sirven para nada.

Y lo digo desde mi propia experiencia ya que, siendo maestra, poseo una pequeña base de conocimientos científicos en lo que respecta a algunos aspectos relacionados con la infancia. Sin embargo, cuando se trata de mi duendecillo, muchas veces siento como si tuviera las herramientas necesarias pero no supiera emplearlas. En muchas ocasiones he sentido que todo lo que he estudiado no me servía de nada. Sólo era capaz de preocuparme e intentar hacer todo lo que dicen los manuales, aunque esto tampoco garantizaba nada.

He llegado a la conclusión de que la maternidad es la única asignatura que tiene miles de manuales para consultar, pero que no se corresponden con las preguntas del examen, porque el examen es un modelo único para el que has de elaborar tus propias respuestas. Y por eso en bastantes situaciones te quedas con la sensación de que estás al borde del suspenso, o que apruebas por los pelos (y a ver a la próxima qué pasa).
Nunca tienes la certeza absoluta de que lo estés haciendo bien. Aunque te digan que tú eres el mejor padre o la mejor madre que podría tener tu hijo. Sólo cuentas con la creencia de que estás haciendo lo que consideras más adecuado para tu bebé. Y todos los Superpapis y Supermamis deseamos lo mejor para nuestro pequeñajo.

Además, la única valoración que recibes es el observarlo a él, comprobando día a día que va creciendo sano, que se ve fuerte y que te demuestra que es feliz.

Un día acudí al consultorio médico y me encontré con mi matrona. Lo miró y él, durmiendo, abrió una sonrisita. Entonces la matrona me dijo: “Míralo, es feliz”.
Parecerá una tontería, pero esa frase se me ha quedado grabada en el corazón, y se la repito a Superpapi y a mí misma en los momentos de crisis, cuando no sabemos qué le pasa ni cómo consolarlo.
Pues con eso me quedo:

“El duendecillo es feliz”.


Y nos encanta escucharlo reír. Eso sí es impagable.

sábado, 14 de enero de 2017

Un cuento: La pequeña oruga glotona

Seguramente muchos Superpapis y Supermamis lo conocerán. Yo lo conozco a través de mi profesión, al igual que muchas maestras. Me encanta. 



Es un cuento muy bonito que nos cuenta cómo una oruga se despierta un día, empieza a comer y al cabo de varios días se convierte en una colorida mariposa.

Con un lenguaje sencillo y unos dibujos preciosos, el autor nos invita a leer una corta historieta muy entretenida, sobre todo para los más pequeños, no sólo por su estructura repetitiva, sino por sus conceptos simples y visuales.

Además, tanto antes como después de su lectura se le puede sacar un enorme partido a la narración, a través de distintas actividades que ayudarán a los peques a aprender distintos conocimientos tan dispares como son los días de la semana, los números, y las frutas.

Por otra parte, con niños un poco más mayores se puede profundizar en el tema de la vida de las orugas y su metamorfosis en mariposas, un tema que les apasiona.
Existen en internet un sinfín de páginas que ofrecen fichas imprimibles relacionadas con este cuento.

En resumen, es un libro que todos los que tenemos niños pequeños deberíamos tener en la estantería de casa, y del aula en el caso de los maestros y maestras.


Espero que disfrutéis su lectura. 

miércoles, 11 de enero de 2017

Las primeras Navidades

Una de las cosas más bonitas de tener un bebé es que vuelves a vivir muchas situaciones por primera vez. Las primeras de tu pequeñajo: el primer baño, el primer paseo, el primer viaje en coche… Y ahora las primeras Navidades.
Solo puedo definirlas con una palabra: Ilusión.
Ilusión de los abuelos por comprarle los regalitos, por vestirlo de Papá Noel, de pastorcillo, de Niño Jesús, de elfo…
Ilusión nuestra por observar sus reacciones al ver las luces decorativas de la ciudad, el árbol de la plaza central… Y también ilusión por vestirlo de Papá Noel y de elfo. Para eso le compramos al duendecillo un par de pijamas de estos personajes.

Estábamos deseando hacerle una sesión de fotos vestido así, como en esas postales tan bonitas que se ven en internet de bebés dormiditos. Pero el duendecillo no estaba dispuesto a ponérnoslo fácil.
Él es muy activo, no para quieto, y además suele vomitar bastante. Así que teníamos que tenerlo todo preparado para poder cazarle en buena posición y antes de que se cansara. Además, teníamos que ser rapidísimos para vestirlo y hacerle las fotos antes de que se manchara o se pusiese a llorar.
¡¡Al final lo conseguimos!!

Ya tenemos un bonito recuerdo de sus primeras Navidades.

En cuanto a los regalos, aunque aún tenía 4 meses y medio y en teoría no se entera de nada, sí que hicimos que fuera él quien desgarrase el papel que los envolvía.


Aunque al ser tan pequeño, el ajetreo de estos días le pasó factura, y por tanto ha estado algo potrosillo, ya que le hemos descolocado un poco al cambiarle las rutinas, comer más veces fuera de casa y con más jaleo del habitual, etc.


En conclusión, las primeras Navidades del peque las hemos disfrutado los adultos más que él, aunque nos gusta pensar que él también ha disfrutado, a su manera.  ;)

viernes, 30 de diciembre de 2016

Viviendo dentro de Mami

En la película Lucy la protagonista llama a su madre y le dice: “Recuerdo el sabor de tu leche en mi boca.”

Siempre me he preguntado ¿qué pasaría si lo recordáramos TODO?

Hay ciertas cosas que, por muchos estudios o investigaciones que se realicen, nunca se llegará más que a conjeturas sobre lo que probablemente ocurre en el cerebro del bebé.
A menudo digo que me gustaría tener una cámara dentro de su cabecita, que reprodujera todo lo que piensa. De momento, sólo podemos imaginarlo.

A mí me ha dado por imaginar cómo debe ser vivir en el útero. De acuerdo, me han ayudado un poco los documentales En el vientre materno, que ya mencioné en otro post.
En primer lugar, el feto se encuentra dentro del agua, desnudito y calentito, a una temperatura ideal. De manera regular escucha los latidos del corazón de mamá, de vez en cuando oye los sonidos procedentes del estómago propios de la digestión, y también le llega la voz de la mamá, aunque ésta se oye un poco más lejana.
Conforme pasan los meses, va recibiendo el sonido de otras  voces y algunos sonidos del exterior, los cuales están amortiguados por el líquido amniótico en el que se halla inmerso, además de los órganos y las capas de carne y piel de mamá.
En segundo lugar, en esta situación no necesita hacer nada, simplemente estar y dormir, a veces puede jugar con sus deditos, con el cordón umbilical… pero se encuentra en un estado de bienestar absoluto, ya que es alimentado constantemente  y no experimenta ninguna sensación de necesidad fisiológica.
En tercer lugar, suele encontrarse sumergido en un balanceo bastante agradable, cada vez que mamá se mueve, cosa que ocurre bastante a menudo. Esos movimientos van meciendo al bebé, envolviéndolo por completo en un estado de seguridad y calma.





Entonces sobreviene el parto. El bebé siente unos impulsos que son considerablemente fuertes, y que le obligan a empujar hacia afuera. Además, para salir ha de pasar por un canal muy estrecho, con lo que necesita retorcerse, y en algunas ocasiones han de tirar de él, incluso con una ventosa que se le pega a la cabeza.

Por otra parte, el líquido amniótico ha salido previamente, lo que significa que de repente ha dejado de flotar sumergido en su piscina particular.

Pero eso es sólo el principio, porque luego viene el frío, de repente ya no está tan calentito. 

Y a continuación le debe de invadir una especie de sensación de vacío que le produce un enorme desasosiego. Tiene hambre. Hambre que ya no se soluciona simplemente esperando a que lleguen los nutrientes a través del cordón umbilical, sino que ahora hay que hacer un esfuerzo extra para conseguirlos. Hay que aprender a succionar con los labios para sacar la leche del pecho materno.

En concreto, mi duendecillo, tuvo que aprender a mamar, ya que al ser prematuro, aún no había desarrollado el reflejo de succión. Y eso nos costó una vida, o al menos es lo que nos pareció a nosotros.

En conclusión, aunque es cierto lo que dicen que ver nacer una vida es muy hermoso, no hay que olvidar que también es un trabajo muy costoso, tanto para la madre como para el bebé. Hasta tal punto, que el llamado “trauma del nacimiento” es absolutamente real. Siempre hablamos de lo duro que es para la madre, pero generalmente nos olvidamos de lo duro que es para el bebé.

Sin embargo, cuando por fin lo tenemos en nuestros brazos sentimos la más inmensa de las alegrías.

Aquí os dejo algunos enlaces explicando esto mismo. Espero que os gusten y os sirvan como a mí para comprenderlo mejor.





¡Bienvenido al mundo, pequeño!

El primer saludo de mi bebé

Cuando me puse de parto de mi duendecillo estaba tan concentrada en la labor de empujar, que no era consciente de todas las cosas que iban sucediendo a mi alrededor. Creo que mi cerebro elaboró una especie de túnel a través del cual sólo me llegaban dos voces: la de Superpapi diciéndome que lo estaba haciendo bien, y la de la matrona gritándome: “¡Cágate, cágate!”

Sí, lo habéis leído bien, me decía que me hiciera popó allí en medio, como si nada, porque según ella, los empujones al parir consisten en hacer la misma fuerza que cuando hacemos nuestras necesidades.

Fue al cabo de unos días cuando empezaron a aparecer y organizarse en mi mente las imágenes que había presenciado. Eran retazos a modo de fotogramas de lo que había vivido durante aquellas horas en la sala de nacimientos (me gusta llamarla así).
Recordé al grupo de jóvenes pediatras que esperaban la llegada de mi duendecillo para poder examinarlo (el pequeñajo fue prematuro y debían asegurarse de que no necesitaba incubadora). Rememoré también el ajetreo de  las matronas, corriendo de una sala a otra, ya que esa noche nos pusimos varias mamás de parto al mismo tiempo (según algunas creencias, parece ser que la luna llena de agosto tuvo algo que ver en eso).
Pero por encima de todo eso, recuerdo cómo cogieron a mi bebé y me lo colocaron sobre la barriga, unido todavía a mí mediante el cordón umbilical, aunque sólo fue durante unos segundos.
Una vez terminó todo, mientras la matrona preparaba nuestro traslado a la habitación y Superpapi había salido afuera a informar a nuestras familias de cómo había ido todo, nos quedamos solos el peque y yo, cada uno en su propia cama.
En ese espacio de silencio miré a mi izquierda y vi el diminuto bultito plateado que era mi bebé (estaba enrollado con la manta térmica), inmóvil, y le llamé: “¡Bebé… bebé…! ¿estás ahí?” Y puede parecer una tontería, o una locura, pero mi duendecillo levantó el brazo, golpeando la manta, como respondiendo a mi llamada, como si hubiera reconocido mi voz y estuviera hablando con su cuerpo: “Estoy aquí, mami.”
Por unos instantes me embargó la emoción.




Seguro que muchas Supermamis tienen algún recuerdo similar.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

¡Vamos de paseo!

Una amiga me dijo un día: “Las primeras semanas es recomendable que no salgas de casa sola. Puedes encontrarte fatigada, te puedes marear… Yo salí un día a recoger al mayor después de tener a la peque y me desmayé en la puerta del cole.”
Así que al principio, Superpapi, Supermami y el duendecillo íbamos juntos a todas partes.
Pero ¿salir de casa? Ése no era el problema, el auténtico problema era sencillamente SALIR.
En primer lugar teníamos que preparar todo lo que había que llevarse para el pequeñajo. Llevamos una bolsa que bien podría ser una maleta con ruedas. De hecho, cuando estamos paseando por la calle y veo los minibolsitos tan cuquis que llevan otras Supermamis no puedo dejar de mirarlos preguntándome: ¿dónde llevan todas las cosas? ¿De verdad que ahí les cabe TODO?
Nosotros llevamos:
  1. Pañales
  2. Cambiador
  3. Toallitas húmedas
  4. Pañuelos de papel
  5. Un biberón con las tomas correspondientes y el termo con agua (llevamos a cabo lactancia mixta)
  6. Botecitos tamaño muestra de crema y colonia para bebés (vienen muy bien las muestras que te regalan en el hospital, en las canastillas por cortesía de Lets Family y Mi bebé y yo)


  7. Dos o más baberos
  8. Cinco o seis gasas (el peque tira un montón)
  9. Y por supuesto, imprescindible, una bolsa con mudas de ropa para cambiar al renacuajo si se moja mucho. En invierno también llevamos un par de zapatitos de repuesto, por si los pierde... y que no se le enfríen los pies. Aunque a él no le gustan, y como buen gatito que es prefiere ir con los pies libres de ataduras.



Además, después de las primeras salidas, Superpapi y yo hemos aprendido a incluir también una muda para nosotros, porque las regurgitaciones del nene suelen alcanzarnos y bastante. A mí me gusta pensar lo que nos dijo una vez una prima nuestra: “Llevamos medallas de mami.”

De manera que, antes de salir de casa tenemos que preparar el maletón, vestirnos nosotros y vestirlo a él. Y mientras ocurre todo eso, resulta que se ha pasado el tiempo de la toma y al pequeñajo le toca otra vez mamar. Le doy con sumo cuidado para que no se vomite encima y le cambiamos el pañal (otra vez). Normalmente vuelve a vomitar y hay que cambiarle la ropita de nuevo, a veces hemos tenido que cambiarle hasta tres veces antes de salir.

Cuando por fin creemos que ya está todo listo, salimos pitando, rezando para que se duerma en el coche y no se agobie demasiado, ya que parece que la sillita no le apasiona (esto lo explicaré en otro post).

¡A pasear!