Superpapis de Corazón

Superpapis de Corazón

viernes, 14 de abril de 2017

Grabando huellas

Según algunos estudios científicos, los niños van olvidando prácticamente todas sus vivencias a medida que van creciendo.
Sí es cierto que yo no puedo asegurar con certeza si muchos de los recuerdos que conservo son auténticos o solo una sombra de las fotografías que he visto, de lo que me han contado mis padres, etc.
También es verdad que muchas de nuestras actitudes, hábitos y conductas han sido forjadas durante esas etapas más tempranas de nuestra vida.
Por ese motivo, muchas veces miro a mis alumnos y me pregunto:

¿quedará alguna huella de mí en ellos?

 ¿recordarán mis canciones, mis juegos?

¿les habré ayudado a conseguir una vida mejor?

Lo que menos me gusta de ser interina es que al cambiar cada año de centro ya no vuelvo a ver a esos niños y niñas con los que he compartido tanto. No los veré crecer y lo más probable es que no llegue a saber como son sus vidas con el paso de los años. Igualmente, no podré observarlos y descubrir en ellos una señal de lo que aprendieron conmigo.

Al menos sé que una huella mía, por pequeñita que sea, ha quedado por ahí, por el mundo.
Recientemente estuve en un colegio en el que trabajé años atrás, y me hizo mucha ilusión ver en la pared de algunas aulas una réplica de materiales hechos por mí.
Esto me llevó también a plantearme hasta qué punto somos originales. Yo he de reconocer que cojo muchas ideas para mi trabajo de muchos sitios: las editoriales, revistas de educación, blogs de compañeros o plataformas como Pinterest.
En estas situaciones es cuando me doy cuenta del auténtico carácter global de nuestro mundo, porque una idea que he adoptado de una compañera de Castellón la aplico en Benidorm, pero cuando la subo a Pinterest, entonces se expande la ola y puede llegar tanto a países de Europa (Francia, Rumanía...) como incluso a Estados Unidos o Rusia.... O ¡hasta China! ;)))

En conclusión, y respondiendo a mi propia pregunta....

Sí, a veces sí que aplico ideas totalmente originales, de mi propia cosecha.

jueves, 30 de marzo de 2017

¡València en Falles!

Siguiendo con las primeras veces, este mes de marzo el Duendecillo ha vivido por primera vez...

Las Fallas de Valencia.

He de reconocer que la experiencia ha sido muy bonita, aunque agotadora.
Superpapi y yo estábamos asombrados de que el renacuajo se tomara con tanta calma el ajetreo de los cohetes, los ruidos, y la música. De hecho, con la música se animaba más todavía, seguro que si hubiera podido, se habría puesto a bailar.

El viernes día 17 de marzo nos fuimos a Valencia a pasar la tarde. Lo tomamos como una prueba o un experimento. Nos fuimos con el coche, con la idea de que si el peque se agobiaba mucho, que pudiéramos volvernos a casa lo antes posible, sin tener que depender de los medios de transporte públicos (vivimos en Gandía, donde también se celebran las fallas). 
No obstante, he de decir que el tren es una opción muy recomendable para acercarse a Valencia en estas fechas, ya que hay trenes con bastante frecuencia, llegas cómodamente y te deja justo en el centro de la ciudad. Además, especialmente para fallas ponen más trenes, incluso por la noche.

Nosotros tuvimos suerte y aparcamos junto al río, a poca distancia del centro. Aun así, hay que ir preparado para caminar mucho, ya que las fallas están bastante distanciadas unas de otras.

Un consejo para los papás es que si se puede, vale la pena llevar al bebé en la mochila o cangurera de porteo y dejar el carro en casa, ya que la aglomeración de gente es importante, y además algunas fallas están muy encajonadas y generan tanta expectación, que a veces es realmente difícil moverse entre la multitud. Además, si coincide con la ofrenda, como fue nuestro caso, el moverse por las calles se hace más difícil todavía. Por lo tanto, lo ideal es, como ya he dicho, el portabebés y una mochila con todo lo necesario para él y para los papis (nosotros llevábamos lo imprescindible para darle de merendar y poder cambiarlo, y también nuestras cosas: carteras, móviles, y algo de merienda para nosotros). Aunque está lleno de cafeterías, bares y hornos donde poder comprarse algo para comer.

Volviendo a nuestra visita fallera, creemos que el pequeñajo disfrutó de lo lindo, mirando por todas partes, y mirándolo todo con unos ojos como platos. Igualmente, en Gandía también disfrutó mucho. 

Bastante gente nos ha dicho que aunque ahora no tenga miedo de los cohetes, es probable que cuando sea más mayor sí que le asusten. De momento, hemos aprovechado para no perdernos nada de las fallas. Al año que viene ya veremos que ocurre.


En conclusión, una visita muy recomendable, las fallas de Valencia. Os animo a que os acerquéis.

jueves, 2 de marzo de 2017

Happy Valentine's day

Ya tenía ganas de comenzar la sección Maestra con corazón. Sobre todo ahora, que me he vuelto a incorporar al trabajo y cada día tengo una gran cantidad de anécdotas e historietas para contar.

Además, la vuelta al cole ha sido muy especial esta vez, porque aunque siempre he sido un poquito mami con mis peques, ahora que soy mami de verdad miro a esos locos bajitos con otros ojos. Mi mirada ha cambiado, yo lo noto y creo que ellos de alguna manera también.
Pensé: "Qué mejor manera de iniciar esta sección que con un gran corazón" (en realidad, varios corazones). 

Así que os voy a contar lo que hice para San Valentín.

Este curso doy clases de inglés en la etapa de Educación Infantil, de manera que este mes de febrero celebramos Valentine's day.
En primer lugar les introduje el tema con un vídeo de Pocoyo y una canción que podéis ver en los siguientes enlaces.

Pocoyo Valentine's day


5 Little Hearts


Siempre introduzco los temas así, con una canción, un cuento, un juego, una historieta o un teatrillo, combinando en todas las sesiones un poco de actividad manipulativa con alguna actividad audiovisual.
En este caso, como ya he dicho, elegí el vídeo de Pocoyo porque es muy divertido y no lleva ninguna connotación de carácter sexual o excesivamente tradicional.
He de aclarar que en mis clases no utilizo este día como el de los Enamorados, sino como el día del afecto y la amistad. Cuando les pregunto a los niños de quién están enamorados, muchos me responden: "de mi mamá", "de mi papá", o de algún amiguito. Doy todas las respuestas por válidas, porque se trata de los distintos tipos de afecto que podemos experimentar en nuestra vida. De hecho, yo también les digo que estoy enamorada de mis papás, de mi hermano, de mi marido y de mi bebé.
Me gusta mucho trabajar este tema porque creo que hace falta hablar más en las aulas del amor que de la violencia.

Volviendo a la clase de inglés, después de ver los vídeos, hicimos un corazón gigante entre todos. La idea original la vi en Pinterest y me gustó, aunque cambié la técnica.
En una cartulina, pegué dos tiras de forro de libro formando un corazón (ha de ser un adhesivo que se pueda despegar después con facilidad, para no estropear la cartulina). Una vez montado, mojamos en pintura de varios colores estropajos de la cocina, y los niños van dando ligeros toquecitos sobre toda la cartulina. Ponemos varios colores, que se irán superponiendo y mezclando.
Una vez se ha secado la pintura, despegamos el forro con cuidado, y éste es el resultado.



Es importante despegar el corazón delante de los niños, para que sean partícipes del proceso y su resultado final.

"¡Oh! ¡Magia!", dijeron los niños.

Y acabamos con un gran aplauso.
Os invito a que lo pongáis en práctica y nos contéis qué tal ha ido.

viernes, 10 de febrero de 2017

¿Quién dijo miedo(s)? (1ª parte)

Cuando eres papá o mamá te asaltan las dudas y los miedos, sobre todo si eres primerizo.

Aunque en nuestra experiencia, la palabra miedo se queda corta, yo prefiero utilizar la palabra TERRORES. Todo nos daba pavor.




Principalmente los primeros meses, cuando el bebé se pone a llorar y no sabes qué le pasa, lo pruebas todo para calmarlo pero él sigue llorando sin consuelo. Esa sensación es desgarradora, te atraviesa el alma abriendo un agujero que no te permite respirar. A veces, ni siquiera te deja pensar con claridad.

Pero ésa es la inteligencia de la Naturaleza. Para asegurar la supervivencia del bebé, su llanto suena de tal manera que no puedas ignorarlo sino que te veas obligado a atender sus demandas.
Vale, la teoría está muy bien, pero cuando tienes a tu renacuajo en brazos nada de eso te ayuda. Sólo sabes que se te pone un mal cuerpo que no sabes cómo gestionar, y que ni todos los conocimientos del mundo te sirven para nada.

Y lo digo desde mi propia experiencia ya que, siendo maestra, poseo una pequeña base de conocimientos científicos en lo que respecta a algunos aspectos relacionados con la infancia. Sin embargo, cuando se trata de mi duendecillo, muchas veces siento como si tuviera las herramientas necesarias pero no supiera emplearlas. En muchas ocasiones he sentido que todo lo que he estudiado no me servía de nada. Sólo era capaz de preocuparme e intentar hacer todo lo que dicen los manuales, aunque esto tampoco garantizaba nada.

He llegado a la conclusión de que la maternidad es la única asignatura que tiene miles de manuales para consultar, pero que no se corresponden con las preguntas del examen, porque el examen es un modelo único para el que has de elaborar tus propias respuestas. Y por eso en bastantes situaciones te quedas con la sensación de que estás al borde del suspenso, o que apruebas por los pelos (y a ver a la próxima qué pasa).
Nunca tienes la certeza absoluta de que lo estés haciendo bien. Aunque te digan que tú eres el mejor padre o la mejor madre que podría tener tu hijo. Sólo cuentas con la creencia de que estás haciendo lo que consideras más adecuado para tu bebé. Y todos los Superpapis y Supermamis deseamos lo mejor para nuestro pequeñajo.

Además, la única valoración que recibes es el observarlo a él, comprobando día a día que va creciendo sano, que se ve fuerte y que te demuestra que es feliz.

Un día acudí al consultorio médico y me encontré con mi matrona. Lo miró y él, durmiendo, abrió una sonrisita. Entonces la matrona me dijo: “Míralo, es feliz”.
Parecerá una tontería, pero esa frase se me ha quedado grabada en el corazón, y se la repito a Superpapi y a mí misma en los momentos de crisis, cuando no sabemos qué le pasa ni cómo consolarlo.
Pues con eso me quedo:

“El duendecillo es feliz”.


Y nos encanta escucharlo reír. Eso sí es impagable.

sábado, 14 de enero de 2017

Un cuento: La pequeña oruga glotona

Seguramente muchos Superpapis y Supermamis lo conocerán. Yo lo conozco a través de mi profesión, al igual que muchas maestras. Me encanta. 



Es un cuento muy bonito que nos cuenta cómo una oruga se despierta un día, empieza a comer y al cabo de varios días se convierte en una colorida mariposa.

Con un lenguaje sencillo y unos dibujos preciosos, el autor nos invita a leer una corta historieta muy entretenida, sobre todo para los más pequeños, no sólo por su estructura repetitiva, sino por sus conceptos simples y visuales.

Además, tanto antes como después de su lectura se le puede sacar un enorme partido a la narración, a través de distintas actividades que ayudarán a los peques a aprender distintos conocimientos tan dispares como son los días de la semana, los números, y las frutas.

Por otra parte, con niños un poco más mayores se puede profundizar en el tema de la vida de las orugas y su metamorfosis en mariposas, un tema que les apasiona.
Existen en internet un sinfín de páginas que ofrecen fichas imprimibles relacionadas con este cuento.

En resumen, es un libro que todos los que tenemos niños pequeños deberíamos tener en la estantería de casa, y del aula en el caso de los maestros y maestras.


Espero que disfrutéis su lectura. 

miércoles, 11 de enero de 2017

Las primeras Navidades

Una de las cosas más bonitas de tener un bebé es que vuelves a vivir muchas situaciones por primera vez. Las primeras de tu pequeñajo: el primer baño, el primer paseo, el primer viaje en coche… Y ahora las primeras Navidades.
Solo puedo definirlas con una palabra: Ilusión.
Ilusión de los abuelos por comprarle los regalitos, por vestirlo de Papá Noel, de pastorcillo, de Niño Jesús, de elfo…
Ilusión nuestra por observar sus reacciones al ver las luces decorativas de la ciudad, el árbol de la plaza central… Y también ilusión por vestirlo de Papá Noel y de elfo. Para eso le compramos al duendecillo un par de pijamas de estos personajes.

Estábamos deseando hacerle una sesión de fotos vestido así, como en esas postales tan bonitas que se ven en internet de bebés dormiditos. Pero el duendecillo no estaba dispuesto a ponérnoslo fácil.
Él es muy activo, no para quieto, y además suele vomitar bastante. Así que teníamos que tenerlo todo preparado para poder cazarle en buena posición y antes de que se cansara. Además, teníamos que ser rapidísimos para vestirlo y hacerle las fotos antes de que se manchara o se pusiese a llorar.
¡¡Al final lo conseguimos!!

Ya tenemos un bonito recuerdo de sus primeras Navidades.

En cuanto a los regalos, aunque aún tenía 4 meses y medio y en teoría no se entera de nada, sí que hicimos que fuera él quien desgarrase el papel que los envolvía.


Aunque al ser tan pequeño, el ajetreo de estos días le pasó factura, y por tanto ha estado algo potrosillo, ya que le hemos descolocado un poco al cambiarle las rutinas, comer más veces fuera de casa y con más jaleo del habitual, etc.


En conclusión, las primeras Navidades del peque las hemos disfrutado los adultos más que él, aunque nos gusta pensar que él también ha disfrutado, a su manera.  ;)

viernes, 30 de diciembre de 2016

Viviendo dentro de Mami

En la película Lucy la protagonista llama a su madre y le dice: “Recuerdo el sabor de tu leche en mi boca.”

Siempre me he preguntado ¿qué pasaría si lo recordáramos TODO?

Hay ciertas cosas que, por muchos estudios o investigaciones que se realicen, nunca se llegará más que a conjeturas sobre lo que probablemente ocurre en el cerebro del bebé.
A menudo digo que me gustaría tener una cámara dentro de su cabecita, que reprodujera todo lo que piensa. De momento, sólo podemos imaginarlo.

A mí me ha dado por imaginar cómo debe ser vivir en el útero. De acuerdo, me han ayudado un poco los documentales En el vientre materno, que ya mencioné en otro post.
En primer lugar, el feto se encuentra dentro del agua, desnudito y calentito, a una temperatura ideal. De manera regular escucha los latidos del corazón de mamá, de vez en cuando oye los sonidos procedentes del estómago propios de la digestión, y también le llega la voz de la mamá, aunque ésta se oye un poco más lejana.
Conforme pasan los meses, va recibiendo el sonido de otras  voces y algunos sonidos del exterior, los cuales están amortiguados por el líquido amniótico en el que se halla inmerso, además de los órganos y las capas de carne y piel de mamá.
En segundo lugar, en esta situación no necesita hacer nada, simplemente estar y dormir, a veces puede jugar con sus deditos, con el cordón umbilical… pero se encuentra en un estado de bienestar absoluto, ya que es alimentado constantemente  y no experimenta ninguna sensación de necesidad fisiológica.
En tercer lugar, suele encontrarse sumergido en un balanceo bastante agradable, cada vez que mamá se mueve, cosa que ocurre bastante a menudo. Esos movimientos van meciendo al bebé, envolviéndolo por completo en un estado de seguridad y calma.





Entonces sobreviene el parto. El bebé siente unos impulsos que son considerablemente fuertes, y que le obligan a empujar hacia afuera. Además, para salir ha de pasar por un canal muy estrecho, con lo que necesita retorcerse, y en algunas ocasiones han de tirar de él, incluso con una ventosa que se le pega a la cabeza.

Por otra parte, el líquido amniótico ha salido previamente, lo que significa que de repente ha dejado de flotar sumergido en su piscina particular.

Pero eso es sólo el principio, porque luego viene el frío, de repente ya no está tan calentito. 

Y a continuación le debe de invadir una especie de sensación de vacío que le produce un enorme desasosiego. Tiene hambre. Hambre que ya no se soluciona simplemente esperando a que lleguen los nutrientes a través del cordón umbilical, sino que ahora hay que hacer un esfuerzo extra para conseguirlos. Hay que aprender a succionar con los labios para sacar la leche del pecho materno.

En concreto, mi duendecillo, tuvo que aprender a mamar, ya que al ser prematuro, aún no había desarrollado el reflejo de succión. Y eso nos costó una vida, o al menos es lo que nos pareció a nosotros.

En conclusión, aunque es cierto lo que dicen que ver nacer una vida es muy hermoso, no hay que olvidar que también es un trabajo muy costoso, tanto para la madre como para el bebé. Hasta tal punto, que el llamado “trauma del nacimiento” es absolutamente real. Siempre hablamos de lo duro que es para la madre, pero generalmente nos olvidamos de lo duro que es para el bebé.

Sin embargo, cuando por fin lo tenemos en nuestros brazos sentimos la más inmensa de las alegrías.

Aquí os dejo algunos enlaces explicando esto mismo. Espero que os gusten y os sirvan como a mí para comprenderlo mejor.





¡Bienvenido al mundo, pequeño!